La primera foto interestelar de un agujero negro

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Este miércoles se reveló ante el mundo entero la primera imagen real de un agujero negro que fue detectado en el centro de la galaxia M87, a unos 50 millones de años luz de la Tierra.

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El importante hecho se dio gracias a una colaboración internacional llamada Telescopio del Horizonte de Sucesos EHT (por sus siglas en ingles – Event Horizon Telescope). En esta colaboración se agruparon casi una decena de radiotelescopios ubicados desde Europa hasta el Polo Sur pasando por Chile y Hawaí.

Los astrónomos llegaron a este importante suceso gracias a una técnica llamada interferometría que consiste en combinar los observatorios como si fueran pequeños fragmentos de uno gigante. Así, los expertos pudieron disponer de un observatorio virtual del tamaño de la tierra. Con esta herramienta se “podría leer desde Nueva York un periódico abierto en París”, afirma Frédéric Gueth, astrónomo y director adjunto del Instituto de Radioastronomía Milimétrica (IRAM) en Europa y participante en la investigación.

Este hecho es relevante para la historia de la humanidad, pues nunca antes se había logrado observar uno de estos misteriosos objetos del cosmos. Hasta el momento lo más cercano a esto eran las simulaciones e ilustraciones científicas de los objetos celestes.

La ansiada imagen fue presentada en seis ruedas de prensa simultáneas en diferentes partes del mundo como Bruselas y Santiago de Chile. Además, es objeto de seis artículos publicados en la revista científica Astrophysical Journal Ketters, firmados por más de 200 autores de más de 60 organismos científicos

Agujeros negros no se podrían describir solo con relatividad general

Prensa Unimedios.- Así lo señala el profesor Eduard Alexis Larrañaga, del Observatorio Astronómico Nacional (OAN) de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), quien explica que esta foto tiene en sí mucha información de la física involucrada: el tamaño y la forma de la sombra.

 “La estructura de acreción, o crecimiento, alrededor de la primera imagen captada de un agujero negro supermasivo nos permite identificar su masa, si está rotando o no, y sobre todo si la relatividad general es la teoría para describirlo”.

“Hasta este momento nosotros suponemos que, desde el punto de vista de la física, la relatividad general es la teoría que describe correctamente la gravedad, pero los agujeros negros son el punto de coyuntura en el que la relatividad general y la mecánica cuántica comienzan a unirse, y, como es bien conocido, son dos teorías que no funcionan correctamente al mismo tiempo”, explica el docente.

Agrega que gracias a esta fotografía los investigadores que trabajan en agujeros negros por fin conocen el objeto de estudio, pues llevan muchos años trabajando con elementos que surgían de la teoría, aunque no los conocían en realidad.

“Los agujeros negros aparecieron en la fisca, primero en teoría, con la gravedad newtoniana, luego con la relatividad general y de allí se empezaron a conocer sus características”, comenta.

A partir de la teoría se han hecho conjeturas sobre cómo lucirían y cómo impactan su entorno, por medio de modelos computarizados que proveen información de la relatividad general y generan una imagen.

Para el docente, el estudio detallado de esa fotografía y de las posibles imágenes que se puedan obtener más adelante seguramente dará pistas sobre cómo la relatividad general se debería modificar para incluir la mecánica cuántica.

Aclara que la fotografía no es solo la imagen, sino una cantidad de datos que los científicos tendrán que analizar de ahora en adelante.

“Aunque se ve menos borrosa de lo que uno esperaría, existe un tratamiento estadístico de los datos que permite saber dónde quedarían el horizonte de eventos y la esfera de fotón, entre otras características. Por ejemplo, midiendo esas distancias en la fotografía podríamos estimar la masa del agujero negro o su propiedad de rotación”, indica.

El agujero negro es un objeto celeste que posee una masa extremadamente importante en un volumen muy pequeño; estos son tan masivos que ni la materia ni la luz pueden escapar, por lo cual son invisibles. Por eso fue importante la colaboración de ocho radiotelescopios situados en Norteamérica, Sudamérica, Europa, la Antártida y Hawai, para hacer en forma virtual un telescopio del tamaño de la Tierra.

“Después de captar la imagen se tomaron los datos de los radiotelescopios, se llevaron a un único centro de procesamiento y se descartaron los fluidos y elementos que podrían interferir. Luego se reconstruyó la imagen pixel por pixel, en lo que los científicos tardaron dos años”, explica del profesor Larrañaga.

Desde los años noventa el grupo de Astronomía, Astrofísica y Cosmología del OAN trabaja sobre la relatividad general, la gravitación, la cosmología y los agujeros negros.

“Hemos hechos varios trabajos de investigación en diferentes direcciones, como el estudio de las características, cualidades y propiedades físicas de los agujeros y de partículas en su entorno, incluso de rayos de luz”, concluye el docente.

El primero en ser captado

Científicos del proyecto mundial Event Horizon Telescope (EHT) presentaron este miércoles la fotografía de un agujero negro captada por primera vez.

Los ocho observatorios del EHT detectaron dos agujeros negros: Sagitario A*, en el centro de la vía láctea, y su congénere de la galaxia M87, a unos 50 millones de años luz de la Tierra. Solo el segundo, aunque mucho más alejado, ofreció una buena imagen.

El EHT fotografió la silueta circular opaca que un agujero negro proyecta sobre un fondo más brillante. El borde de esa sombra es el “horizonte de sucesos”, el punto de no retorno más allá del cual la gravedad es tan extrema que incluso la luz no puede escapar.

Para captar una imagen de ese tipo fue necesario combinar el poder de radiotelescopios en distintos puntos de la Tierra para transformar el planeta en un único y gran telescopio virtual.

Los astrónomos debieron esperar más de seis meses antes de saber algo más, ya que se debe esperar a captar, entre todas las señales electromagnéticas del universo, una señal común a todos los telescopios. Con este tipo de instrumentos, las observaciones se realizan a ciegas y los astrónomos no tienen forma de saber si funcionó.

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