PLEBISCITO Los medios tradicionales, ¿irrelevantes?

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 La mayoría de los principales medios de comunicación del país le apostaron abiertamente a la paz. Su mensaje, sin embargo, no caló. ¿Es un asunto de desconfianza, de indiferencia, de falta de articulación? En busca de respuestas, hablamos con el psicólogo e investigador social Germán Rey.
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German Rey durante el Gran debate de la cultura organizado por Semana. Foto: Guillermo Torres.

Nación | Tomado de la Revista Arcadia | Comunicaciones |
Muchos medios de comunicación apoyaron el Sí, como El Tiempo, Semana, El espectador, Caracol, incluso Arcadia. ¿Qué nos dice la victoria del No sobre la influencia de los medios en Colombia?

La influencia de los medios se ha venido reconfigurando desde hace años en Colombia y en el mundo. No es un problema solamente tecnológico sino social y cultural. Los medios se ven como poderes fácticos y la confianza en ellos tiende a ceder, por su forma de funcionamiento, su compromisos y su alejamiento de la ciudadanía. Y en un mundo con una competencia exacerbada de significados, símbolos y contenidos, los medios no aumentarán su influencia sino que tendrán que buscar nuevos nichos, quizás más modestos y menos generalistas.

¿Esta brecha entre la postura de los medios y la de millones de colombianos se debe al surgimiento de las redes sociales, o se trata de un fenómeno viejo?

El surgimiento de las tecnologías ha generado una enorme fractura en el poder de los medios tradicionales que estaban acostumbrados a una hegemonía sin casi cortapisas. El acceso inmediato a la información, la controversia –así sea desordenada y con frecuencia desmedida – de las opiniones, la irrupción de actores hasta el momento desconocidos, la circulación planetaria del humor y la ironía son algunos de los rasgos que han ocasionado esta fractura. Buena parte del No circuló por las redes sociales y puntos de vista individuales (ya no mediáticos) tuvieron un impacto viral e inmediato, que superaron a las estrategias mediáticas.

En la bancada del No se habla mucho de la arrogancia de los del Sí, en que se celebró (y se firmó) la paz antes del plebiscito. ¿Fueron los medios también arrogantes?

Desde que me conozco los medios han sido arrogantes. Gabriel García Márquez una vez en México me dijo que “lo que pasa es que el mundo se le escapó a los medios. Ahora lo que tenemos que hacer es reinventarnos el mundo”. Tal cual. Son arrogantes porque creían y tenían una buena parte del dominio de las representaciones de un mundo que de pronto explosionó de sentidos dispares, voces, inconformidades, puntos de vistas que consideramos sensatos pero que también de algunos que juzgamos absurdos. La representación del mundo es ahora mucho más diversa, posiblemente más caótica y banal, más inmediata y episódica. Y esa actúa en la política que si bien es el territorio de las ideas y de los proyectos lo es también de los afectos, las emociones y las veleidades.

El periodista Glen Greenwald, uno de los hombres detrás de las filtraciones de Edward Snowden, afirma que la gente empezó desconfiar de los periódicos en los años setenta, cuando empresarios con intereses empezaron a comprar periódicos y a abogar por la famosa ‘neutralidad de los medios’. En el plebiscito, paradójicamente, muchos medios desatendieron esa neutralidad y se declararon por el Sí. ¿Deberían los medios limitarse a solo informar?

En este debate soy un clásico. Por lo tanto probablemente un desfasado. Me encanta la opinión en los editoriales y en los columnistas y deseo el rigor, la precisión, la variedad de géneros, la diversidad y seriedad de las fuentes en el cuerpo informativo. Pero estos límites se han transgredido y tenemos, por ejemplo, noticieros de televisión donde los hechos son ejercicios emocionales, tendenciosos y frívolamente espectaculares y programas de radio que le hacen homenaje al arte nacional de la cháchara.

Llama la atención que en el festival de periodismo Gabriel García Márquez todos los finalistas fueron medios independientes. ¿Qué tienen los independientes que no tienen los tradicionales?

Ha sido un fenómeno creciente en los últimos años. A nosotros también nos sorprendió: el declive de los grandes medios y la aparición de una gran cantidad de nuevos medios con algunas particularidades: son pequeños colectivos de periodistas que no le temen a la experimentación, que investigan y que utilizan todas las herramientas que proporcionan estos tiempos de tecnologías. En sus trabajos hay una convergencia intermedial que significa pensar de nuevo el significado de la imagen, del sonido e inclusive de la construcción de la escritura y lo textual. A la vez intentan acercarse a nichos, por ejemplo a los jóvenes, a los desempleados, a los migrantes con un lenguaje en que comparten experiencias alejados del periodismo aleccionador de otros tiempos. Fui jurado de la categoría de innovación y los tres finalistas abordaron temas cruciales no solo para sus países sino para todo el continente e incluso el mundo: la minería extractiva en el Perú, los medicamentos, su valor y sus polémicas y finalmente el secuestro mirado desde la historia de un periodista de a pie en México.

¿Qué deben hacer los medios tradicionales para volver a convertirse en líderes de opinión?

Ser muy conscientes de los cambios de la opinión y de las audiencias, de la modificación de las relaciones verticales para hacerlas mas horizontales, de las nuevas agendas y sobre todo las nuevas aproximaciones y narrativas. Hay un periodismo que huele a cloaca y que es uno de los aportes más impúdicos a la banalización y la homogeneidad de la sociedad. Apartarse de todo ello es fundamental para volver a establecer diálogos fructíferos con la opinión pública.

 

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