¿Cuál ha de ser nuestro camino?

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Si observamos las estrategias electorales  de los partidos políticos en nuestro país, se evidencia un carácter, digamos para no ofender,  ajeno a las condiciones de vida del pueblo colombiano.

Chía | Por Alberto Conde Vera | Opinión |
Antes de las elecciones para congreso, el partido más representativo de la derecha, el Centro Democrático, acusaba sin ninguna vergüenza, a toda la izquierda  de ser el peligro inminente de caer en situaciones similares a las de Venezuela, desconociendo el carácter serio, responsable y profundamente democrático que esa izquierda democrática había demostrado desde tiempo atrás y en especial en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991.  

Como la estrategia les funcionó y esa izquierda a duras penas pudo mantener sus voceros en el Congreso en las pasadas elecciones, ahora sí el candidato de esa derecha recalcitrante llama a la unidad nacional y habla de abandonar la confrontación para pensar en soluciones a la grave situación social que afrontamos los colombianos. ¿Podemos confiar en la sinceridad de esos llamamientos?

Durante ocho años de gobierno ese partido agudizó al máximo las contradicciones en el país, acusando a todos los partidarios de iniciar un procesos de paz con la guerrilla, de estar al lado de la demencia guerrillera. Y cuando ese proceso se inició siempre atacó a los voceros del gobierno diciendo que estaban entregando el país a la guerrilla.

Aún hoy repite constantemente la afirmación de que el acuerdo de paz es una declaración de entrega que puso a Colombia en manos de los subversivos de las FARC. Entonces, ¿qué busca la candidatura del Centro Democrático hoy? Evidentemente ante los favorables resultados en las recientes elecciones, su intención es seducir al mayor número de electores de entre las personas que aún no tienen claro el verdadero fondo de la actual contienda electoral, para intentar ganar directamente la presidencia, sin necesidad de ir a una segunda vuelta. Y está en todo su derecho.

Pero nosotros también debemos advertir que el país está en un momento muy difícil, no solo porque nos movemos en medio de una crisis mundial que debido a las posturas del Presidente Trump puede conducir a una guerra comercial, sino porque internamente también tenemos graves dificultades como la corrupción que desapareció cientos de miles de millones de dólares en los últimos 20 años, desocupando las arcas del Estado.  Durante demasiado tiempo no se quiso poner atención a problemas tan graves como el crecimiento desaforado de la minería ilegal, y se permitió a las transnacionales actuar sin restricciones.

El narcotráfico que incluso, durante la crisis de 1998, penetró las estructuras económicas del país, ha desarrollado estrategias diferentes y sigue incrementando las áreas de cultivos ilícitos. La pobreza crece en el campo, abandonado para favorecer a los importadores de alimentos, y también en las ciudades donde millones de colombianos viven hacinados de manera verdaderamente inhumana.

El deterioro del medido ambiente  -que en ciudades como Medellín y otras ciudades ya exige inversiones cuantiosas y que además amenaza en las zonas rurales con la destrucción de ecosistemas como los páramos-, se intensifica continuamente, al igual que las “catástrofes naturales” que, en realidad solamente evidencian esa postura absurda que ve a la naturaleza solamente como un recurso económico, casi ilimitado. En fin, la situación de un Estado casi inviable que asfixia con impuestos cada vez más fuertes al ciudadano común son fenómenos que muestran una situación muy crítica y peligrosa.

¿Hay acaso una nueva sensibilidad en el candidato de Uribe? No creo que sea así. Su nueva postura es solamente electoral:  si ganan las elecciones, volveremos al pasado. Pero en el otro lado las cosas no son mejores. En parte porque la ley impide los acuerdos a causa de que varios de los candidatos fueron elegidos por consulta y en parte porque los egos son tan grandes que no permiten que los candidatos del centro y de la izquierda vean la gravedad de las circunstancias en que se mueven.

Así que los acuerdos entre los diferentes partidos que dicen defender la paz son muy difíciles, porque cada candidato piensa que ante el hecho de que la segunda vuelta es prácticamente inevitable, han decidido jugarse el albur de ir cada uno por separado. Estrategia equivocada en mi opinión, puesto que abre la posibilidad de que de pronto los finalistas sean Duque y Vargas Lleras, que representan exactamente lo mismo.

En realidad la cuestión es que defender la paz es defender las posibilidades de un desarrollo continuo y sostenible para toda la nación y no como hasta ahora ha sido para beneficio de una minoría. Hay privilegios establecidos en el país que no quieren ser tocados. La guerra, por ejemplo permitió y facilitó el acaparamiento de la tierra bajo el imperio del miedo. Por eso los procesos de restitución de tierras son atacados y toda posibilidad de una reforma agraria, que impulse de verdad la transformación del campo para hacerlo más productivo e industrializado, se obstaculiza de todas las formas posibles.

Igual sucede con los monopolios del transporte que se oponen a la construcción de sistemas de transporte más efectivos y rentables, como los trenes y los metros. Y qué decir de la vivienda en manos de compañías monopólicas que con tal de satisfacer su voracidad destruyen la naturaleza y someten a los compradores a pagar sumas descomunales por espacios pequeños, además de imposibilitar la planeación armónica de las ciudades.

Ciertamente falta altura, generosidad e imaginación en la mayoría de los aspirantes de la oposición a la presidencia. Colombia necesita un presidente conciliador pero claro y firme en el camino a seguir, que obviamente no es otro que el de la verdadera democratización de las estructuras económicas,  sociales y políticas. Esto no significa como dice Uribe la introducción del comunismo; al contrario, es buscar nuevas formas de capitalizar al país. Es abrir las puertas para una inversión, nacional o extranjera que permita desarrollo científico y tecnológico y que apoye de verdad a los emprendedores.

Es crear nuevas estrategias que creen nuevas formas de asociación que no impliquen el sometimiento de los inventores a los dueños del capital. ¿Por qué un inversionista no ha de poder asociarse con un inventor en un ejercicio gano-ganas para dar origen a una nueva empresa, por ejemplo, o con los artesanos de las comunidades campesinas e indígenas? De esto ya hay algunos ejemplos en el país.

Creo que países como Vietnam, Japón, Suecia y otros tienen mucho que enseñarnos. Pero hay que romper con la idea de que solamente los que han dominado económicamente a Colombia pueden sacarla del pantano en que ellos mismos la hundieron. Ese es el reto que tenemos.

¿Cuál de los candidatos tiene un perfil más adecuado para conducir el país por ese camino de la verdadera reconciliación y renovación? La respuesta la tenemos los que elegimos; pero podemos decir que sí hay al menos dos candidatos con ese perfil, sin embargo, los partidarios de la paz tienen que ser más generosos. Usted amigo elector tiene la última palabra.

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