Seguridad en la sabana, afectada por la expansión

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En los municipios aledaños se encienden las alarmas por el aumento de muertes en accidentes de tránsito y la aparición de bandas delincuenciales dedicadas al microtráfico y el hurto al comercio.

Plaza de Zipaquirá, Foto El Espectador

 Región | Tomado del diario El Espectador, Por Juan David Moreno Barreto | Seguridad |
La sabana centro de Cundinamarca, integrada por 11 municipios, es epicentro de la inversión en la región. Con la construcción de viviendas de estratos altos y el aumento de su productividad (aporta 30 % del PIB del departamento), también aparecen problemas que están en la mira de las autoridades.

El informe del Observatorio Sabana Centro Cómo Vamos comparó datos de la seguridad de Tabio, Gachancipá, Nemocón, Cogua, Chía, Cajicá, Zipaquirá, Tocancipá, Sopó, Tenjo y Cota. El análisis, que tiene en cuenta estadísticas sobre calidad de vida hasta 2016, alerta de las muertes en accidentes de tránsito, que representan el 51,8 % de las muertes violentas; los asesinatos, con el 23,4 %; los suicidios, con 14,7 %, y las accidentales, con 10,1 %.

Según el estudio, Cogua y Cota son las poblaciones con las mayores tasas de muertes violentas por cada 100.000 habitantes de la región. Además, con el 9,4 %, Cota es la más afectada por el hurto a personas, seguida de Chía (con 4,5 %) y Tenjo (con 3,5 %). “Hay retos importantes, sobre todo contra la violencia intrafamiliar e intrapersonal. Aunque las tasas de homicidios no son alarmantes, sí vienen creciendo”, indica Juan Carlos Camelo, director del programa Sabana Centro, quien además advierte del crecimiento del hurto al comercio en ese período.

No obstante, al revisar en detalle los datos de la Policía (entre enero y octubre de 2017) es posible determinar que Tenjo y Zipaquirá encabezan la lista de las zonas más golpeadas por los homicidios y el hurto a personas. Por otra parte, Tenjo, Tabio y Chía son los blancos predilectos de los asaltantes de viviendas (ver infografía). Por estas razones, en estas zonas aumentó la contratación de seguridad privada.

Pero hay un patrón que preocupa en la sabana: las muertes por accidente de tránsito. Cota, Cogua y Nemocón tienen la mayor tasa de víctimas fatales en las vías. “Las tasas de muertes más altas se dan en bicicletas y motocicletas, que transitan con vehículos de carga y transporte público, lo que hace que estos casos se registren con frecuencia. Hay una carencia de infraestructura y puentes que aseguren la protección de peatones. Queremos hacer un llamado a las autoridades para que promuevan estrategias de acompañamiento a los actores más vulnerables en la vía”, agrega Camelo.

Por otra parte, las denuncias ante la Policía por delitos sexuales registraron, entre enero y octubre de este año, un incremento en seis de los 11 municipios de la sabana respecto al mismo período del año pasado. Tabio (con un aumento del 133 %), Nemocón (con 89 %), Gachancipá (con el 83,1 %) y Tocancipá (78,2 %) son los municipios más afectados por este delito.

Al concentrarse sólo en las cifras de Zipaquirá, segundo municipio más poblado de la región después de Chía, se evidencia una situación que preocupa. Entre enero y octubre de este año se han cometido 12 homicidios, seis muertes por accidentes de tránsito, 240 denuncias por robo a personas 92 casos de amenazas y 53 delitos sexuales. Esos son algunos de los problemas que enfrentan las autoridades y, como lo reconoce el coronel (r) Luis Felipe Valencia, secretario de Seguridad de Zipaquirá, los delitos “no son de poca monta”.

El último homicidio fue en el barrio Bolívar 83, donde hallaron el cuerpo de un hombre a quien le habían propinado 32 puñaladas. Según las autoridades, la víctima –quien se dedicaba a labores de construcción— salió a tomar con un amigo. Al lugar donde se reunieron llegaron otras tres personas, lo amarraron, lo golpearon y lo mataron por robarle el sueldo. A este caso se suman los homicidios por pleitos entre bandas de microtráfico, “mafia que se ha tomado los alrededores de algunos colegios, en donde han detenido niños hasta con 30 papeletas de bazuco”, dijo Valencia. “Una modalidad que utilizan seguido es que las bandas van de municipio en municipio, según ha monitoreado la Policía, que está haciendo un seguimiento para mitigar la incidencia”, acota Camelo.

A pesar de este panorama, este año en Zipaquirá han disminuido los indicadores en comparación con el año pasado. ¿Cuál ha sido la fórmula? Para la administración, ha consistido en abrir canales con la comunidad para que ayuden a identificar “dónde está el que vende droga, dónde está el que roba”, explica Valencia. Además han pedido el incremento del pie de fuerza de la Policía y el Ejército, la creación de frentes de seguridad y la instalación de cámaras.

El informe de Sabana Centro sugiere que se requiere articular información entre los municipios, la Gobernación y la Policía para hacerles seguimiento a las bandas delincuenciales y, de esta manera, reducir los delitos en una región que se seguirá expandiendo en los próximos 30 años, los cuales pueden traer consigo nuevos fenómenos de violencia que ya encienden las primeras alertas.

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