La paradoja del cuidado en Colombia. 363 mil auxiliares de enfermería invisibles

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De un reciente estudio de la Corporación para el Desarrollo de la Seguridad Social (CODESS) y la Universidad del Rosario ha salido a la luz una realidad que, si bien es conocida por el sector, rara vez ocupa los titulares con la urgencia que merece. 

Se trata de un ejército de 363.000 profesionales cuyo rol es fundamental para la atención diaria, pero cuya existencia laboral se encuentra en un estado de precariedad crónica.

El informe revela un panorama desolador: con un ingreso promedio de solo 1.8 millones de pesos, estos trabajadores ganan apenas lo suficiente para subsistir, una cifra que contrasta de manera dramática con la vital importancia de su labor. 

Esta situación, lejos de ser un simple problema de salarios, es el síntoma de una enfermedad sistémica que afecta la dignidad laboral y la calidad del servicio.

La investigación de CODESS no se anda con rodeos y señala los “agujeros negros” de un sistema que normaliza la inestabilidad. La falta de garantías laborales, la alta rotación de personal y la delegación forzada de responsabilidades son solo algunas de las aristas de un problema que, en el fondo, es una deuda social. 

Según los hallazgos, uno de los principales responsables es la omnipresencia de los contratos de prestación de servicios (OPS), un modelo que perpetúa la incertidumbre y despoja a los trabajadores de sus derechos más básicos. 

Se estima que la normalización anual de estos contratos costaría más de 360 mil millones de pesos, una cifra astronómica que evidencia el costo humano de la informalidad.

Y debe recordarse que hay de 3 a cuatro veces más auxiliares de enfermería para la atención en salud que enfermeras profesionales. Los hallazgos muestran precariedad.

Mientras los gremios de enfermería lanzan un llamado urgente —”Sabemos que, para cuidar bien, también necesitamos ser cuidadas y cuidados”—, la realidad del día a día en los centros de salud es una carga laboral desproporcionada y una falta de tiempo y espacio para el descanso. La paradoja es evidente: a los profesionales que más cuidamos nos cuesta cuidar. “Sabemos que, para cuidar bien, también necesitamos ser cuidadas y cuidados”.

Este no es un problema de cifras, sino una cuestión de ética y justicia. El artículo de CODESS no es solo un informe, es una acusación formal a un sistema que ha optado por la eficiencia económica a costa de la humanidad. Es un recordatorio de que la calidad de la salud de una nación se mide, en última instancia, por cómo valora a quienes están en la primera línea de cuidado.

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