Contra la corrupción nacional, departamental y municipal de Chía, votemos en blanco, y que después la fiscalía y los jueces actúen contra el enriquecimiento ilícito de funcionarios públicos corruptos.

Los recursos públicos perdidos en manos de depredadores disfrazados de políticos suman más de 10 billones anuales, según estimaciones en los gobiernos nacional, departamental y municipal.
Para esta batalla de apropiación ilegal de recursos públicos, los políticos de marras han conformado clanes de apariencia política. Desde allí se reparten coimas, realizan proyectos de infraestructura y de todo nivel. Que consolidan a través de perversas alianzas que se negocian entre el sector público y privado.
En los medios de comunicación nacional se registran las noticias de este fenómeno. Se toman las administraciones departamentales y municipales, como en el caso del Valle del Cauca. Allí, Dilian Francisca Toro, gobernadora varias veces, impone a su sucesora Clara Luz Roldán.
Y así operan sin vergüenza alguna. En Cundinamarca es inocultable que Cambio Radical, con el condenado Álvaro Cruz, inicia este patético proceso político hace 20 años.
Recorrido que continúa Jorge Emilio Rey, quien repite elección, y su ficha Nicolás García, quien lo sucede.
Así han logrado cooptar los partidos tradicionales liberal, conservador y otros más recientes como la U y la Alianza Verde, desprestigiada por los escándalos nacionales de los sobornos de la UNGRD con Iván Name, presidente del Senado; Sandra Ortiz, consejera de regiones; y Carlos Ramon González, director del Dapre hoy escondido en Nicaragua y con pedido de extradición roja de Interpol.
Y así podemos enunciar similares ejemplos nefastos en la costa caribe, el Meta, el eje cafetero y otros más. Pero no podemos reducir el asunto a mal de muchos, consuelo de tontos.
Tampoco podemos permitir que este delito de enriquecimiento ilícito con efectos sobre la calidad de vida y el bienestar de los colombianos siga campeando sin consecuencias penales y políticas.
Como ciudadanos, no podemos ni debemos ser cómplices de nuestra propia destrucción democrática amenazada por estas conductas anómalas y delictivas; al menos tenemos la opción de protestar con el voto en blanco para demostrar que no todos somos corruptos.
El caso de Chía no es diferente a esta radiografía nacional. Un crecimiento urbano caótico en zonas rurales con densidades elevadas, sin infraestructura de servicios, ni vías, ni medios de transporte; es decir, la ausencia de planeación es total.
Resultado de alcaldes bachilleres ineptos y torcidos improvisando, derrochando y destruyendo la vocación agropecuaria por su calidad agrológica y demás tradiciones sabaneras.
Es claro entonces que ningún mandatario merece el voto del pueblo maltratado y destruido por estas administraciones oscuras y fracasadas.
Jamás nos pueden representar quienes no han demostrado honestidad y eficiencia en el manejo de los recursos públicos.
La cultura política debe mejorar, y esto se demuestra con el voto en cada elección, buscando a los más honestos y capaces, no a quienes los abrazan con hipocresía y los distraen con tamal, lechona, cerveza y mentiras.
Jamás mi voto por Luis Carlos Segura Rubiano, aspirante hoy al Senado, pero es entonces cuando uno se pregunta con qué experiencia o calidades administrativas espera llegar a tan digno cargo.
Sí, la realidad es que fue un pésimo alcalde, sancionado fiscalmente por el Programa de Alimentación Estudiantil PAE con su secretaria de Educación, Liliana Andrea Villalobos Gordo. Lo imperdonable es que era reconocido en el municipio: como educador y con la experiencia de ser secretario de Educación en el primer gobierno de Donoso, mientras el caso sigue en manos de la justicia porque le falló también a su población profesional. Los estudiantes.
Otros escándalos que se pueden relacionar de su alcaldía son: La destrucción del parque Gaia, el manejo de la pandemia, la compra onerosa de unos camiones de bomberos, contratos de prestación de servicios costosos e inútiles para sus amigos cómplices.
Nepotismo permanente de funcionarios sin las competencias necesarias. Para una administración sin prioridades, donde no se evidenció avance alguno en las nefastas obras de su anterior patrón, Donoso. Pero sí endeudó más al municipio, igual que todos sus antecesores.
¿Cuándo se dará cuenta la ciudadanía de que debe defender su territorio, preservar su identidad y valores culturales con un voto a conciencia, sin venderlo al mejor postor?
Ya va siendo demasiado tarde y es admirable que muchas personas vean un abuso femenino o infantil y denuncien y hasta hacen justicia por mano propia; ejemplo lo que sucede con el maltrato animal: todos gritan.
Pero contra la corrupción el comportamiento es contrario: los reeligen, los apoyan, los abrazan, los reciben en sus hogares como si fueran salvadores del universo, y es contra esas conductas indebidas contra las que debemos actuar sin miedo alguno.
Contra la corrupción nacional, departamental y municipal de Chía, votemos en blanco, que es donde más les duele, y después el bolsillo, que es lo que deben hacer la fiscalía y los jueces: actuar contra el enriquecimiento ilícito de funcionarios públicos corruptos.
¿Cree realmente que es con esos personajes que le dejaremos un futuro próspero y seguro a las próximas generaciones? O exigimos un cambio verdadero. ![]()



