¿A qué se debe que el ser humano sacralice ideas, líderes y expresiones culturales?

Imagen creada por la IA para ilustrar el contenido del ensayo

El médico William Álvarez Gaviria, otorrinolaringólogo, investigador, escritor, académico y colaborador de este medio, nos deja en este breve ensayo las conclusiones sobre sus investigaciones científicas, en torno al papel de la neuroquímica en la construcción de pensamientos y creencias colectivas.

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La tendencia humana a ungir de sagrado o de arte o de artista a objetos y personajes (reales o abstractos) responde principalmente a componentes fundamentales de nuestra propia cultura e identidad (pertenencia a un grupo y posicionamiento en él). 

Su marcador bioquímico es dimetiltriptamina, dopamina, serotonina, oxitocina y cortisol, las hormonas que en ciertas circunstancias incrementan su potencial psicoactivo, como es el caso de estar en presencia de lugares considerados por la colectividad de gran trascendencia y belleza. También es el caso de estar bajo los efectos de deshidratación, hambre, hipertermia, convulsiones o peligro inminente de muerte. Lo que desencadena en el cerebro esa curiosa y fascinante tendencia a investir de sagrado o de arte o artista a determinados objetos y personajes, que posteriormente, incluso, pueden llegar a ser apreciados como símbolos, patrones o patrimonios de la humanidad.

He ahí la gran dificultad de determinar qué o quién merece el apelativo de santo, y qué es arte. Ambas calificaciones responden a nuestros principales y más determinantes sesgos argumentativos: Efecto pastoreo (masa) y sesgo de autoridad, este último, que es un atajo mental donde tendemos a dar más credibilidad y peso a las opiniones, juicios o instrucciones de figuras que percibimos como autoridades, incluso sin evidencia sólida, dejándonos influir u obedecer sin un pensamiento crítico. 

Es lo que puede llevar a aceptar información errónea o a tomar perniciosas y falaz decisiones… y se manifiesta en la publicidad, las finanzas, la política, la milicia y, por supuesto, en el arte, las religiones, el futbol (religión de pelotas) y en la vida cotidiana.

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