La restauración del histórico templo colonial combina arte sacro, patrimonio arquitectónico y renovación espiritual agustiniana.

Pintura de la hostia y el cáliz en la bobera previa asaltar mayor, realizada por el artista cajiqueño, Sebastián Venegas
Como ella, muchos feligreses y visitantes se han sorprendido con la transformación que ha vivido la primera iglesia del municipio, cuya construcción original comenzó en el siglo XVII y hoy luce una renovada imagen interior.
Patrimonio arquitectónico con identidad propia
Aunque externamente el templo no fue intervenido, la iglesia conserva una arquitectura que refleja las transformaciones sufridas a lo largo de los siglos.
Más que un estilo “puro”, el templo representa una transición arquitectónica: mantiene la escala y la tipología de las iglesias hispánicas de plaza mayor, pero desarrolladas bajo el lenguaje formal del neoclasicismo republicano. Allí destaca el uso de la tradicional piedra sabanera, sello característico de Chía.
Restauración y embellecimiento
Durante los últimos cuatro años, la comunidad de los agustinos, perteneciente a la Orden de San Agustín, lideró un proceso de remodelación y embellecimiento del templo.
Para esta comunidad religiosa, la iglesia no es únicamente una construcción material, sino un espacio para la interioridad espiritual, donde el arte y la belleza ayudan a elevar el alma hacia la contemplación divina.
Uno de los cambios más notorios es la nueva iluminación del templo. Grandes ventanales con imágenes religiosas en pintura vitral llenan de color y luminosidad las naves laterales, acompañadas por arcos decorados en dorado y azul Prusia, así como los capiteles de las dieciséis columnas de piedra que sostienen la estructura.
En el ala central fueron renovadas las bancas y los confesionarios, ahora percibidos por los fieles como más cómodos y funcionales.
La bóveda previa al altar mayor también fue intervenida con una monumental pintura de un cáliz y una hostia, obra del artista cajiqueño Sebastián Venegas, considerada una de las piezas más representativas de esta nueva etapa del templo.
Las vidrieras de la espiritualidad

Las diecisiete vidrieras fueron elaboradas por el artista boyacense Rubén Darío López Camargo, reconocido por sus trabajos en la Catedral Diocesana de Zipaquirá y en la parroquia de la Inmaculada Concepción de Cajicá, además de obras en Panamá, Houston y Miami.
En el costado izquierdo se destacan imágenes de santos agustinos como San Agustín, Santa Mónica, San Nicolás de Tolentino, Santo Tomás Villanueva y Santa Magdalena de Nagasaki.
A la derecha aparecen figuras como San Juan Pablo II, Santa Teresita del Niño Jesús, Santa Laura, Santo Juan Diego y el Padre Pío de Pietrelcina.
En el altar mayor sobresale Santa Lucía, patrona del templo, cuya imagen también está representada mediante un busto en cobre ubicado sobre la nave central.
Filosofía agustiniana y evangelización
El padre Julián Ospina Gómez, actual párroco del templo, explica que las obras se enmarcan dentro de tres pilares fundamentales de la espiritualidad agustiniana: “la verdad, la belleza y la bondad”.
Según señala, estos principios no solo orientan la vida monacal de los frailes agustinos, sino también la manera como entienden el patrimonio religioso y la arquitectura sagrada.
Un templo jubilar para el mundo católico
La historia de la iglesia de Santa Lucía está profundamente ligada a la evangelización de la región. Su nombre honra a Santa Lucía de Siracusa, mártir cristiana y protectora de la vista.
La advocación habría sido escogida por el oidor Diego Gómez de Mena, quien ordenó la construcción del templo en 1604 para fortalecer la fe católica entre las comunidades indígenas de la zona.
Como hecho destacado, en 2025 la Santa Sede designó a la Parroquia Santa Lucía de Chía como uno de los templos jubilares del mundo, dentro del Jubileo “Peregrinos de la Esperanza”, celebrado entre diciembre de 2024 y enero de 2026.
Obras financiadas en parte por la comunidad
Después de este recorrido, el padre Julián concluye comentando que las obras de embellecimiento se iniciaron en el 2022 bajo la dirección del padre Mauricio Saavedra y culminaron en el 2025.
Se financiaron con donaciones de la comunidad. Toda vez que algunas familias donaron vidrieras y el resto con recursos facilitados por la organización alemana Adveniat, dedicada a la ayuda de los católicos de Latinoamérica y el Caribe. Las obras de restauración comenzaron en 2022 bajo la dirección del padre Mauricio Saavedra y culminaron en 2025.
Y que el proceso fue posible gracias a las donaciones de la comunidad, especialmente de familias que financiaron varias de las vidrieras. También contó con el apoyo económico de la organización alemana Adveniat, dedicada a respaldar a las comunidades católicas de América Latina y el Caribe ![]()



