La región central enfrenta retos sanitarios, ambientales y productivos para garantizar alimentos seguros y sostenibles.

Aspersión química en monocultivos. Imagen FAO.
Sin embargo, detrás de cada alimento hay una historia que comienza mucho antes de llegar al consumidor: en la semilla, el suelo, el agua y el manejo de los cultivos para prevenir plagas y enfermedades.
Ese es el mensaje central del Día Mundial de la Sanidad Vegetal, que conmemoró este 12 de mayo la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
En 2026, la jornada pone el foco en la bioseguridad vegetal como herramienta fundamental para proteger la seguridad alimentaria y garantizar alimentos más seguros y sostenibles.
La FAO recuerda que las plantas proporcionan el 80 % de los alimentos consumidos en el planeta y producen el 98 % del oxígeno que respiramos.
Y que las plagas y enfermedades vegetales destruyen hasta el 40 % de los cultivos mundiales cada año, generando pérdidas económicas superiores a los 220 mil millones de dólares.
Bogotá depende del abastecimiento regional
La discusión tiene especial relevancia para Bogotá y la región central del país. Según el diagnóstico del Sistema de Abastecimiento Regional Agroalimentario (SARA), el 42 % de los alimentos que ingresan a la capital proviene de Cundinamarca.
El otro 46 % llega desde Boyacá, Meta, Tolima y Huila. En total, el 88 % del abastecimiento bogotano depende de la región.
Esto significa que proteger la salud de los cultivos también es garantizar la estabilidad del abastecimiento alimentario para millones de personas.
La bioseguridad vegetal busca precisamente prevenir la entrada y propagación de plagas y enfermedades que afectan la agricultura.
Esto incluye controles fitosanitarios, monitoreo de cultivos, uso de material vegetal certificado y seguimiento al transporte de productos agrícolas que puedan movilizar organismos dañinos entre territorios.
Agroinsumos y riesgos sanitarios
El debate también involucra el uso adecuado de agroinsumos y la inocuidad de los alimentos.
El diagnóstico del SARA advierte que uno de los principales retos de la producción regional es la baja inocuidad química y biológica de algunos productos agrícolas.
Datos del Instituto Colombiano Agropecuario muestran que el 59,5 % de las muestras de vegetales analizadas en el país presentaron residuos de plaguicidas químicos de uso agrícola.
La situación preocupa especialmente en productos como el tomate y la papa, fundamentales en la dieta regional. Según el informe, el 8 % de las muestras de tomate y el 41 % de las muestras de papa excedieron los niveles máximos permitidos de residuos de plaguicidas.
Entre las prácticas que generan estos problemas aparecen aplicaciones de plaguicidas sin monitoreo previo, sobredosificación, mezclas incompatibles, falta de calibración de equipos y desconocimiento de los periodos de carencia antes de la cosecha.
El riesgo de la resistencia de plagas
Especialistas advierten además sobre el riesgo de resistencia biológica. Cuando se utilizan repetidamente productos con el mismo mecanismo de acción, las plagas pueden adaptarse y volverse menos sensibles a los tratamientos.
Esto obliga a aumentar dosis y costos de producción, generando un círculo de dependencia de agroquímicos y mayores impactos ambientales.
El problema también tiene implicaciones económicas. El diagnóstico del SARA señala que algunos sistemas productivos regionales dependen fuertemente de insumos químicos.
En el cultivo de tomate bajo cubierta, por ejemplo, los agroinsumos representan entre el 54 % y el 66 % de los costos directos de producción.
A esto se suma que Colombia apenas alcanza un índice de autosuficiencia de fertilizantes cercano al 20 %, situación que expone al agro a la volatilidad de precios internacionales y de la tasa de cambio.
Producción limpia y bioinsumos
Frente a este panorama, entidades nacionales e internacionales impulsan alternativas como los bioinsumos, el manejo integrado de plagas, las buenas prácticas agrícolas y la agroecología.
La apuesta no consiste en eliminar completamente los productos químicos, sino en promover un uso más técnico y responsable, complementado con soluciones biológicas y sostenibles adaptadas a cada territorio.
Aunque Colombia representa apenas el 0,9 % del mercado global de bioinsumos, el informe señala que existe potencial para fortalecer la producción local y ampliar la investigación, asistencia técnica y comercialización.
Las recomendaciones del SARA apuntan a incrementar las certificaciones en buenas prácticas agrícolas y pecuarias, reducir la dependencia de insumos externos y avanzar hacia sistemas de trazabilidad que permitan seguir el recorrido de los alimentos desde el cultivo hasta el consumidor.
Una responsabilidad compartida
La bioseguridad vegetal también requiere coordinación institucional y ciudadana. Las plagas y enfermedades pueden movilizarse a través de semillas, frutas, tubérculos, empaques y medios de transporte.
Por eso, la FAO insiste en que la sanidad vegetal es una responsabilidad compartida. Acciones como verificar el origen de productos vegetales, utilizar semillas certificadas y reportar plagas inusuales ayudan a proteger la producción agrícola.
En ese contexto se desarrolla “Aliméntate de Región”, iniciativa impulsada desde la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico, la RAP-E Región Central y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.
El objetivo es construir un sistema alimentario más eficiente, sostenible e inclusivo para la región central del país.
La conclusión es clara: cuidar la sanidad vegetal no solo significa proteger las plantas. También implica defender la salud de quienes consumen, la estabilidad del abastecimiento y la sostenibilidad de los ecosistemas que sostienen la producción agrícola.
Porque detrás de cada alimento fresco hay una cadena de decisiones que comienza, inevitablemente, con cultivos sanos ![]()



