Los argumentos de los defensores de los humedales, cargados de pruebas y sentido común, fueron el contrapeso al cuestionado manejo de la alcaldía en la audiencia de la ANLA

Bastó entrar al auditorio para entender que el evento no sería un debate ciudadano, sino una puesta en escena cuidadosamente montada por la administración municipal.
El ambiente estaba saturado de funcionarios y contratistas; los primeros, con la mirada de recién convocados a una reunión obligatoria.
Los segundos, tomaban asiento con la disciplina de quien sabe que si no está allí, su inasistencia sería vista como una deslealtad y, por lo tanto, con consecuencias de quien los contrata. Ver tantos casos resultó algo conmovedor.
Y así, con el auditorio lleno de empleados públicos que aplaudían en los momentos correctos, la audiencia se inauguró con un aire solemne, bajo una atmósfera donde se respiraba más obediencia que participación.
Lo más llamativo fue descubrir que la comunidad realmente representada era minoría. En la primera fila se podían contar fácilmente los ciudadanos que habían venido por convicción y no por contrato.
El resto repetía con precisión la gestualidad propia de eventos oficiales: el aplauso automático, la inclinación de cabeza aprobatoria y el silencio cómodo ante discursos prefabricados.
Desde las primeras intervenciones ante la palabra “movilidad”, quedó clarísimo que aquello era un coro institucional perfectamente afinado.
Las frases se notaba que hacían parte de un mismo libreto oficial: “soluciones impostergables”, “derecho a la movilidad”, “solución al trancón”. El guion era simple: mostrar que la mayoría (institucional) apoya la vía y que solo una pequeña minoría (la comunidad) se opone por romanticismo ambiental.
Cada orador repetía las palabras de Leonardo Donoso, aunque intentando ocultar la fuente original y pretendiendo presentarla como su propia experiencia cotidiana, cuando lo que se notaba es que todo era un libreto dictado con anticipación.
La sincronía de esas intervenciones era casi artística. Una persona hablaba de “la urgencia de la movilidad”, otra repetía exactamente la misma idea, y la tercera añadía un toque emocional para que el aplauso institucional fluyera con naturalidad. La administración no estaba allí para escuchar; estaba allí para recitar.
El desafío cívico: La ciencia contra la puesta en escena
Frente a la uniformidad del discurso oficial, se levantó la voz de la comunidad, que no solo habló desde la emoción y el sentimiento sino desde la técnica, la ciencia y la memoria. Las intervenciones ciudadanas no fueron quejas; fueron réplicas documentadas.
Era la audiencia ambiental más alineada políticamente que uno pudiera imaginar. La ironía mayor es que el discurso oficial se esforzaba por presentar a estos oradores como “ciudadanos espontáneos”, cuando a varios solo les faltaban los uniformes institucionales.
La comunidad dejó claro que el problema de fondo no es la vía, sino el método. La ciudadanía no aceptará que la solución pase por entubar el Canal Proleche o sacrificar el Humedal, ecosistemas esenciales para la regulación hídrica del municipio. No se aceptará una solución que proteja los intereses del contratista o del mandatario de turno.
Se les veía revisar nerviosos sus celulares, quizás esperando el mensaje que confirmara que ya habían cumplido con el deber del día. En esta coreografía pública, la espontaneidad era tan real como un humedal dibujado en PowerPoint.
La comunidad fue clara en que: No aceptará que se entube el Canal Proleche para fingir que el ecosistema sigue vivo mientras muere silenciosamente bajo el concreto.
No aceptará que una mentira técnica se convierta en la narrativa oficial.
No aceptará que un territorio herido siga sacrificándose por decisiones tomadas desde escritorios incapaces de entender la realidad ambiental.
Pero esas ideas, tan simples y razonables como deberían ser, se estrellaban contra el muro de contención institucional que insistía en enfrentar “movilidad” contra “ecosistema”, como si fueran incompatibles por naturaleza, cuando todo se trata de un diseño de intereses.
Uno de los momentos más hilarantes fue la pasarela de influencers improvisados que, de un día para otro, parecieron adquirir doctorados en hidrología, movilidad, geotecnia y ecología de humedales.
Subían al atril con una seguridad teatral, como si se hubieran preparado toda la vida para hablar del Humedal y el Canal Proleche, aunque era evidente que muchos no sabían si el canal corría hacia el norte, hacia el sur o si era un espejismo mítico inventado por ambientalistas.
Con una mezcla de entusiasmo y desconocimiento, se aventuraron a explicar que la vía era absolutamente necesaria y que cualquier cuestionamiento era equivalente a obstaculizar el progreso.
La audiencia evidenció cómo la actual administración manifiesta con cada acto y cada palabra una contradicción monumental. De una parte, se erige como defensora del “derecho a la movilidad”.
Discurso noble si no fuera porque son ellos mismos quienes lo han causado durante años. Saturando el municipio con urbanizaciones aprobadas sin planificación, sin vías alternas, sin estudios serios y a través de decretos sastre diseñados para complacer al sector inmobiliario.
Lo más preocupante no fue la repetición de argumentos vacíos, sino la insistencia en la mentira central: que la Troncal de los Andes resolverá la movilidad de Chía.
Esta afirmación es una fantasía técnica tan grande que sorprende la naturalidad con la que la repiten. Sin estudios de tráfico, sin modelos origen–destino, sin proyecciones reales, y así la administración insiste en que la vía es la panacea.
Cuando lo que simplemente ocurre es que se traslada el trancón algunos metros. Pero para los defensores institucionales, el detalle técnico no importa: basta con pronunciar “movilidad” con suficiente dramatismo para recibir los aplausos.
Conclusión: El efecto manipulación creció a la defensa
Al final del día, la audiencia dejó algo claro: La manipulación fue tan evidente que terminó reforzando la convicción de quienes defendemos el territorio.
Cada aplauso coreografiado, cada intervención repetida, cada influencer improvisado solo demostró la fragilidad de los argumentos oficiales. Y cada estudio, cada foto, cada recorrido ciudadano, cada palabra pronunciada por quienes conocemos el humedal y el Canal Proleche confirmó que la lucha no solo es necesaria, sino urgente.
La crónica del día se podría resumir en unas líneas: el auditorio estuvo lleno, pero la verdad ambiental estuvo del lado de quienes llegaron sin libreto.
Porque mientras el público institucional aplaudía el guion preparado, la comunidad habló desde la experiencia, la ciencia, la técnica y la memoria del territorio. Voces que no se pueden callar con autoritarismos de la administración o con burlas, risas o chiflidos.
Son voces que seguirán sonando, en audiencias y fuera de ellas, hasta que la vía se haga bien y no se haga sobre lo único que le queda vivo a un municipio que ha sacrificado demasiado.




Tal cual, además de haber llevado barras que al parecer eran empleados de las flores que muy seguramente iran a ser despedidos porque a cambio de floristerías van a sembrar construcciones de viviendas y muy seguramente VIS, porque una persona que tiene “maneras” de irse a vivir a un lugar tranquilo no va a escoger un lugar cerca a un puente donde deja polución ruido, busca otro lugar, O solo por negocio, quienes? Los mismos de siempre…
Hemos acabado con el 98% de los humedales. No tenemos que cometer el craso error y ecocidio de encmentar ni un centímetro mas, máxime existiendo Alternativas para no hacerlo